¿Qué pasaría si cada uno de nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, produjésemos nuestra propia energía electrica, mediante molinillos, chimeneas, paneles solares, metanización y similares?
Supongo que el nuevo feudalismo del conde de Iberdrola, el duque de Endesa o el shogún de TEPCO, llegarían a su fin mediante una democracia energética, dispersa, eficiente y menos vulnerable.
El modelo energético debe ser democrático.
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